Sin afición, charanga, los del Baskonia, la hinchada del Madrid en casa y el rugir de los finales ajustados, el colchón acústico de la Copa del Rey serán los entrenadores. Al más cercano a la NBA le molestará este punto de vista. Allí los entrenadores no son tan importantes. Pero en Europa sí y en este baloncesto pandémico pues un poquito más, ahora que los títulos empiezan a disputarse.

Normalmente el arbitraje transige con entrenadores que se dirigen de modo agresivo a sus propios jugadores. Incluso no hacen cumplir el reglamento taxativamente si dicho entrenador está dando instrucciones tácticas metido en el campo de juego. Hay disculpa… ”Tú déjame a mi, que a mi hijo lo educo como yo quiero…” (no sabemos si este razonamiento se sigue aceptando unánimemente en 2021).

Si el objeto de la corrección o diatriba es alguien del otro equipo o los árbitros, entonces todo cambia, hay que pararlo en seco. Ahora, en el baloncesto pandémico se escucha todo y la información que les transmites a los tuyos (sea en refuerzo positivo o negativo) le llega a todos los oídos que están a pie de cancha, varias filas de grada (a priori prensa y trabajadores esenciales) y al sonido ambiente de tv.

Pablo Laso, Dusko, Jasikevicius, Vidorreta, Peñarroya, Ponsarnau, Carles Duran y Katsikaris son nombres reconocibles, en algunos casos más que la mitad de sus plantillas por permanencia en sus puestos, por permanencia en la Liga Endesa. Y por autoridad técnica. Una de las grandes virtudes de nuestra competición es el carisma táctico reconocido y ganado en base a porcentajes de victorias. Han ganado competiciones internacionales de clubes, ligas, han llegado a Finals Four y acumulan trofeos en su gremio. Son la voz de cada uno de sus equipos.

Las cabezas no están bien. El que ha podido tener la cautela o suerte de cuidar su salud física durante el último año de alguna forma u otra se ha visto afectado psicológicamente. Poder trabajar y poder competir es un alivio, es mucho mejor que la alternativa obligada y necesaria de la pasada primavera. Pero no son las mismas condiciones a las que jugadores, técnicos y árbitros se acostumbraron y con las que aprendieron. La burbuja de Valencia fue una primera experiencia, el ganador saldría muy reforzado. Pero los perdedores (los otros 7) tenían cierta disculpa, territorio ignoto, bajas de objeción de conciencia, competir sin tantos estímulos por primera vez, muchas semanas sin ni si quiera pisar una cancha.

La Copa del Rey 2021 será una competición que pida temple, serenidad y toma de buenas decisiones. Como todas las anteriores… pero con más luz y taquígrafos que nunca. Los que suelen dirigir hablando mucho a sus jugadores, viviendo en ese ritmo cardiaco medio-alto, saben que los rivales usan la voz del rival como argumento de susurro al árbitro (“qué pesado, aquel no se calla”).

Los que suelen dirigir sin subir la voz y sentándose a menudo sabemos que en la Copa tendrán su momento de “explosión”. De 0 a 100% en 2 segundos. Nadie se va a quedar callado sobre lo que pasa en el banquillo de al lado. Según pasen jornadas, se sumarán ayudantes, cuerpos médicos, suplentes. Y el día que hay que ganar el título, con prima hasta para los que no van convocados, todos participarán del momento.

Las televisiones cada vez usan más esta veta, la sonora, obviamente es información de primera mano. Los sonidistas tienen más trabajo. El presente y futuro audiovisual pasa por la recolección a más calidad de los sonidos del deporte y su posterior edición para ofrecer lo mejor de ellos al espectador. Y a más presión deportiva, menos silencio autoimpuesto, más a las claras salen los procederes y las formas de ser. Por eso amamos este deporte, porque nos da muchas canastas, muchos rebotes y tapones, pero también muchos matices dentro de cada partido.

Los Cortes ‘Iverson’, ‘los Spanish pick and roll’ y demás pizarras serán la coreografía, la energía con la que la afronten las piernas de los jugadores, lo decisorio. Y los versos sueltos, el maná. Cuando todo lo planificado, todo lo estudiado, todo lo cartesiano llegue a su tope. Veremos a alguien, un jugador que dirá esta Copa es mía y nos daremos cuenta de que en los medios hemos ido ganando tiempo y ocupando espacio de escaletas, hemos contado miles de caracteres escritos, sistemas que llenan libros de jugadas pero algo se nos pasó.

El juego y la libertad del que tiene la bola en la mano. El domingo la voz que hablará por encima de todas será la de la acción del que la meta cuando hay que meterla. Cuando es más difícil. Y eso se habrá llevado por delante todas las previas escritas, habladas, actuadas y publicadas.

Las cabezas no están bien, pero que haya baloncesto del bueno nos ayuda.

Fotos: acb Media/acb Photo